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miércoles, 27 de noviembre de 2019

«La puerta violeta», Rozalén

En el colegio de mi hija pequeña han puesto como tono de salida el estribillo de «La puerta violeta» y ayer vinimos a casa mi bicho y yo cantándola. Por la noche miré a mis hijas y de nuevo me vino a la memoria, pero, además, me emocioné (me estaré haciendo mayor). Y pensé: no lo entiendo, cómo se puede...
Así que aquí dejo la letra y el vídeo. Qué sencillez para expresar la belleza de la libertad, de la liberación.

          La puerta violeta
Una niña triste en el espejo
me mira prudente
y no quiere hablar.
Hay un monstruo gris en la cocina
que lo rompe todo,
que no para de gritar.
Tengo una mano en el cuello
que con sutileza me impide respirar.
Una venda me tapa los ojos,
puedo oler el miedo y se acerca.
Tengo un nudo en las cuerdas
que ensucia mi voz al cantar,
tengo una culpa que me aprieta,
se posa en mis hombros y me cuesta andar.

Pero dibujé una puerta violeta en la pared
y al entrar me liberé
como se despliega la vela de un barco.
Desperté en un prado verde muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí,
sé lo que no quiero,
ahora estoy a salvo.

Una flor que se marchita,
un árbol que no crece porque no es su lugar,
un castigo que se me impone,
un verso que me tacha y me anula.
Tengo todo el cuerpo encadenado,
las manos agrietadas,
mil arrugas en la piel,
las fantasmas hablan en la nuca,
se reabre la herida y me sangra.
Hay un jilguero en mi garganta que vuela con fuerza,
tengo la necesidad de girar la llave y no mirar atrás.

Así que dibujé una puerta violeta en la pared
y al entrar me liberé
como se despliega la vela de un barco.
Desperté en un prado verde muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí,
sé lo que no quiero,
ahora estoy a salvo.

Así que dibujé una puerta violeta en la pared
y al entrar me liberé
como se despliega la vela de un barco.
Aparecí en un prado verde muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí,
sé lo que no quiero,
ahora estoy a salvo.


Rozalén
(«La puerta violeta», Cuando el río suena)





jueves, 7 de febrero de 2019

«El sitio de mi recreo», Antonio Vega

Sigo buscando el peligroso y seductor sitio de mi recreo.

          El sitio de mi recreo
Donde nos llevó la imaginación,
donde con los ojos cerrados
se divisan infinitos campos,
donde se creó la primera luz
germinó la semilla del cielo azul,
volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo
son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos,
el sitio de mi recreo.

Viento que en su murmullo parece hablar
mueve el mundo y con gracia lo ves bailar
y con él el escenario de mi hogar.
Mar, bandeja de plata, mar infernal,
es un temperamento natural,
poco o nada cuesta ser uno más.

De sol, espiga y deseo
son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos,
el sitio de mi recreo.
Silencio, brisa y cordura
dan aliento a mi locura,
hay nieve, hay fuego, hay deseos
allí donde me recreo.


Antonio Vega
(«El sitio de mi recreo», El sitio de mi recreo)




miércoles, 28 de noviembre de 2018

«Calle Melancolía», Joaquín Sabina

Para qué quiere uno ser un gran cantante, una gran voz, si puede crear y cantar como Sabina.

          Calle Melancolía
Como quien viaja a lomos
de una yegua sombría
por la ciudad camino,
no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro
que me ilumine el día
y no hallo más que puertas
que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten
su vómito de humo
a un cielo cada vez
más lejano y más alto.
Por las paredes ocres
se desparrama el zumo
de una fruta de sangre
crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde,
debe ser primavera,
cruza por mi mirada
un tren interminable.
El barrio donde habito
no es ninguna pradera,
desolado paisaje
de antenas y de cables.

Vivo en el número siete,
calle Melancolía,
quiero mudarme hace años
al barrio de la Alegría,
pero siempre que lo intento
ha salido ya el tranvía,
en la escalera me siento
a silbar mi melodía.

Como quien viaja a bordo
de un barco enloquecido
que viene de la noche
y va a ninguna parte,
así mis pies descienden
la cuesta del olvido,
fatigados de tanto
andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa
enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles,
resuelvo un crucigrama,
me enfado con las sombras
que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia
que dejas en mi cama.
Trepo por tus recuerdos
como una enredadera
que no encuentra ventanas
donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia
que sufren las aceras.
Si quieres encontrarme
ya sabes dónde estoy.

Vivo en el número siete,
calle Melancolía,
quiero mudarme hace años
al barrio de la Alegría,
pero siempre que lo intento
ha salido ya el tranvía,
en la escalera me siento
a silbar mi melodía.

Vivo en el número siete,
calle Melancolía,
quiero mudarme hace años
al barrio de la Alegría,
pero siempre que lo intento
ha salido ya el tranvía,
en la escalera me siento
a silbar mi melodía.

Joaquín Sabina
(«Calle Melancolía», Malas compañías)



sábado, 27 de octubre de 2018

«Romance de Curro el Palmo», Joan Manuel Serrat

Ay, mi amor...

          Romance de Curro el Palmo
La vida y la muerte
bordás en la boca
tenía Merceditas
la del guardarropa.
[...]
en donde el Palmo
canta llorando:
Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor,
que me desvela la verdad,
que entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.

Joan Manuel Serrat
(«Romance de Curro el Palmo», Joan Manuel Serrat)




Por Serrat y por Antonio Vega:




martes, 17 de julio de 2018

«Quemando tus recuerdos», Extremoduro

Cuando te se come la desidia, y la miras y te se encoge el alma...

          Quemando tus recuerdos
Vivir a la deriva,
sentir que todo marcha bien,
volar siempre hacia arriba
y pensar que no puedo perder.

Voy a hacer un tambor de mis escrotos,
solo dejó, dejó solo una foto,
voy a hacer un tambor de mis escrotos,
solo dejó, dejó solo una foto.

Vivir, qué cuesta arriba,
y sentir que no sé qué hago aquí
y andar siempre arrastrado
y perder, que no puedo pensar.

Voy a hacer un tambor de mis escrotos,
solo dejó, dejó solo una foto,
voy a hacer un tambor de mis escrotos,
solo dejó, dejó solo una foto.

Y cada vez que la miro me pongo malo,
cada vez que la miro me salen granos,
cada vez que la miro me pongo tieso,
cada vez que la miro me pega el palo,
cada vez que la miro me se encoge el alma,
cada vez que te miro te como el higo,
cada vez que la miro me como el tarro,
cada vez que la miro me tiro al barro.

Me acuerdo de sus caricias
y la memoria me engaña,
me se come la desidia
y me cuelgan las arañas.

Voy a empaparme en gasolina una vez más,
voy a rasparme a ver si prendo
y recorrer de punta a punta la ciudad
quemando nuestros malos sueños.

Me acuerdo de sus caricias
y la memoria me engaña,
me se come la desidia
y me cuelgan las arañas.

Voy a empaparme en gasolina una vez más,
voy a rasparme a ver si prendo
y recorrer de punta a punta la ciudad
quemando nuestros malos sueños.

Voy a empaparme en gasolina una vez más,
voy a rasparme a ver si prendo
y recorrer de punta a punta la ciudad
quemando todos tus recuerdos.

No, vestida de colores se fue.
¿Dónde está?
No, no, no, no, no, no,
vestida de colores,
quizás, no existió jamás.
No, vestida de colores se fue.
¿Dónde está?
No, no, no, no, no, no,
vestida de colores,
quizás, amanecerá.
No, vestida de colores,
vestida de colores,
vestida de colores,
vestida de color.

Vivo en un vertedero, me acuesto con la luna,
que importa ser poeta o ser basura,
que importa que me engañes y luego me sonrías
si solo eras la yegua que yo más quería,
no necesito verte pa saber que estás conmigo
y relincho de alegría siempre que te miro.

(So, bicho).

Extremoduro
(«Quemando tus recuerdos», Somos unos animales)



martes, 10 de julio de 2018

«Cantar de la alma que se huelga de conoscer a Dios por fee», San Juan de la Cruz


     Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
          aunque es de noche.
     Aquella eterna fonte está ascondida,
qué bien sé yo dó tiene su manida,
          aunque es de noche.
     [En esta noche oscura de esta vida,
qué bien sé yo por fe la fonte frida
          aunque es de noche].
     Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen della viene,
          aunque es de noche.
     Sé que no puede ser cosa tan bella
y que cielos y tierra beben della,
          aunque es de noche.
     Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
          aunque es de noche.
     Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
          aunque es de noche.
     Sé ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan, y las gentes,
          aunque es de noche.
     El corriente que nace desta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
          aunque es de noche.
     El corriente que de estas dos procede,
sé que ninguna de ellas le precede,
          aunque es de noche.
     [Bien sé que tres en sola una agua viva
residen, y una de otra se deriva,
          aunque es de noche].
     Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
          aunque es de noche.
     Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a escuras,
          porque es de noche.
     Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
          aunque es de noche.

San Juan de la Cruz
(Obras completas, ed. L. Ruano de la Iglesia, Madrid, BAC, 1994)





Por Amancio Prada y por Enrique Morente (con sus cosas):







sábado, 7 de julio de 2018

«Las moscas», Antonio Machado


     Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
     ¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
     ¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
     Y en la aborrecida escuela
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
     -que todo es volar- sonoras,
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
     de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
     de siempre. Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
     sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
     Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

Antonio Machado
(Obras selectas, prol. M. Alvar, Madrid, Espasa Calpe, 1998)



Por Joan Manuel Serrat, viviéndola:


martes, 3 de julio de 2018

«La casa por el tejado», Fito & Fitipaldis

Dormir cuando no está a tu lado se hace difícil.

          La casa por el tejado
Ahora sí, parece que ya empiezo a entender:
las cosas importantes aquí
son las que están detrás de la piel
y todo lo demás
empieza donde acaban mis pies,
después de mucho tiempo aprendí
que hay cosas que es mejor no aprender. 

El colegio poco me enseñó,
si es por esos libros nunca aprendo
a coger el cielo con las manos,
a reír y a llorar lo que te canto,
a coser mi alma rota,
a perder el miedo a quedar como un idiota
y a empezar la casa por el tejado,
a poder dormir cuando tú no estás a mi lado,
menos mal que fui un poco granuja,
todo lo que sé me lo enseñó una bruja.

Ruinas... ¿no ves que por dentro estoy en ruinas?
Mi cigarro va quemando el tiempo,
tiempo que se convirtió en ceniza.

Raro, no digo diferente, digo raro,
ya no sé si el mundo está al revés
o soy yo el que está cabeza abajo.

El colegio poco me enseñó,
si es por el maestro nunca aprendo
a coger el cielo con las manos,
a reír y a llorar lo que te canto,
a coser mi alma rota,
a perder el miedo a quedar como un idiota
y a empezar la casa por el tejado,
a poder dormir cuando tú no estás a mi lado,
menos mal que fui un poco granuja,
todo lo que sé me lo enseñó una bruja.
...

Fito & Fitipaldis
(«La casa por el tejado», Vivo para contarlo)




viernes, 22 de junio de 2018

«Vuelta de paseo», Federico García Lorca


     Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
     Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
     Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
     Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
     Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

Federico García Lorca
(Poeta en Nueva York, en Obras completas. I. Poesía,
ed. M. García-Posada, Barcelona, Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, 1996)


Por Enrique Morente en Omega.


domingo, 17 de junio de 2018

«Semilla negra», Radio Futura

Llévame contigo...

          Semilla negra
Y ese beso entregado al aire es para ti,
fruta que has de comer mañana,
guarda la semilla porque estoy en él
y hazme crecer
en una tierra lejana,
si me llevas contigo
prometo ser ligero como la brisa
y decirte al oído
secretos que harán brotar tu risa.

Y esos ojos detrás del cristal
son dos negros cautivos cruzando el mar,
por la noche estaré solo en la selva.
¿Qué voy a hacer?
Esperando a que vuelvas
si me llevas contigo
prometo ser ligero como la brisa
y decirte al oído
secretos que harán brotar tu risa.

Yo tengo un pensamiento vagabundo
y voy a seguir tus pasos por el mundo,
aunque tú ya no estás aquí
te sentiré
por la materia que me une a ti,
por la materia que me une a ti,
por la materia que me une a ti,
por la materia que me une a ti.

Semilla negra,
semilla negra,
semilla negra.



Radio Futura
(«Semilla negra», La ley del desierto)





martes, 5 de junio de 2018

«El poeta pide a su amor que le escriba», Federico García Lorca


     Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
     El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
     Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
     Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Federico García Lorca
(«Sonetos del amor oscuro», en Obras completas. I. Poesía,
ed. M. García-Posada, Barcelona, Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, 1996)


Francamente es muy difícil elegir entre estas dos versiones:






domingo, 3 de junio de 2018

«What can I do?», The Corrs

¿Qué hacer si Andrea Corr te dice estas palabras? Porque ¿se puede pronunciar mejor ese «love me»?

          What can I do?
What can I do to make you love me?
          (¿Qué puedo hacer para que me quieras?)
What can I do to make you care?
          (¿Qué puedo hacer para que te importe?)
What can I say to make you feel this?
          (¿Qué puedo decir para hacerte sentir esto?)
What can I do to get you there?
          (¿Qué puedo hacer para tenerte aquí?)

And love me... love me...
          (Y ámame... ámame...)

The Corrs
(«What can I do?», Talk On Corners)


Pero siempre es mejor oírselas a ella que leerlas:




Disfrútenla/s.