lunes, 25 de marzo de 2024

Por amor al arte [versión en 100 palabras]


Hasta que la quisieran como se quiere a una madre había decidido seguir el ejemplo de su referente artístico, aunque eso no les dejara tiempo suficiente para demostrar su amor.
Pero aquel cuadro que había descubierto años atrás y el reto en que se había convertido tener que reproducirlo hasta captar su esencia...
Lo había hecho varias veces, y el resultado siempre era insatisfactorio, porque el papel lo desarrollaban sustitutos. Desde que trabajaba con sus hijos el proceso se había ralentizado, pero se perfilaba hacia esa unión mística goyesca: la cámara fotográfica como medio, ella como Saturno, y sus hijos...

(Tertulia filandona, 25 de marzo de 2024; asunto: Muerte)

Por amor al arte [versión extensa]


Nunca podría averiguar si llegarían a quererla como se quiere a una madre, porque había decidido seguir el ejemplo de su mayor referente artístico y eso suponía una paradoja de difícil solución, además de que no les dejaba tiempo suficiente para demostrar su amor.
   Pero la obra de «su pintor», aquel cuadro que le había descubierto en una excursión años atrás su profesor de Arte, esa imagen que no dejaba de aparecer insistentemente en su pensamiento, este reto en que se había convertido tener que reproducirla una y otra vez hasta captar su esencia, su perfección artística...
   Lo había hecho varias veces y en alguna ocasión el resultado parecía satisfactorio, pero era insuficiente, carente de alma, porque el papel lo habían desarrollado sustitutos. Desde que trabajaba con sus hijos el proceso, naturalmente, se había ralentizado, pero todo se iba perfilando hacia la perfección que buscaba en esa unión casi mística goyesca: la cámara fotográfica como medio, ella como Saturno, y sus hijos...

(Tertulia filandona, 25 de marzo de 2024; asunto: Muerte)

lunes, 11 de marzo de 2024

Encerrado [1.ª versión]


estoy encerrado
casi no me puedo mover
todo está oscuro     solo un tenue hilo de luz
no sé por qué ni cómo he llegado a esta situación     aquí
como si estuviera en lo más profundo de un túnel     perdido
me duele todo     estoy agotado
frío y dolor     mucho dolor
siento como si fuera a morir
las piernas se me han dormido
los brazos me hormiguean
mi cuerpo se retuerce
de repente me inunda una oleada de calor     mucho calor
dolor     más dolor
tengo miedo
voces alrededor     lejanas     al otro lado
movimientos     risas
huele mal     a cigarrillo y alcohol     a pis y vómito
la cabeza me va a estallar
tengo que hacer un esfuerzo
no recuerdo     creo que me he quedado dormido
fuerza     más fuerza
dolor     más dolor
tensión en todo el cuerpo     más tensión     toda la tensión
siento como si fuera a morir     tengo miedo
fuerza y dolor
más fuerza y más dolor
mis ojos se hinchan y las venas de la cara y la cabeza
mi cuerpo se levanta solo
VOY A MORIR
de repente     un estruendo
regresa el hálito de la vida     desaparece el miedo
descanso     liberación     alivio
palabras sueltas     risas
llaman a la puerta     ¿la libertad?
   ‒Pero ¿vas a salir de ahí?, que llevas una hora y ya sabe medio bar lo que estás haciendo.

(Tertulia filandona, 11 de marzo de 2024; asunto: En un túnel profundo)

lunes, 26 de febrero de 2024

Sala de espera [1.ª versión de «Andreas»]


‒Oye, tú. ¿A qué hora tienes la cita?
   ‒Disculpe, joven, pero yo no soy «tú», doña María Luque. Y estoy citada con el doctor a las 19:30.
   ‒Bueno, perdone, y no se me enfade. León-Tolstoi Hernández (es que mi padre era un cachondo), para servirla a usted. Y ya le digo yo que no puede ser, que yo también tengo a esa hora.
   ‒No me diga, pues ahora mismo hablamos con el enfermero.
   ‒¿Y usted, caballero?
   ‒¿Yo, qué?
   ‒Que a qué hora tiene consulta con el doctor.
   ‒No recuerdo bien, ¿cómo?, ¿qué doctor?
   ‒Señor, que está usted en la sala de espera del doctor Márquez Villa. ¿Se encuentra bien?
   ‒Sí, sí, es que a veces tengo como ausencias...
   ‒¿Y tú, niña? ¿Qué haces aquí sola?
   ‒A mí me ha traído mi madre y se ha salido a fumar. Me ha dicho que ahora mismo me llamaban, a las 7 y media, pero que ella no tardaba nada.
   ‒No puede ser, tres pacientes a la misma hora. Qué falta de seriedad.
‒Yo creo que van a ser cuatro. Y por eso le he preguntado, porque con las horas que son, no me cuadraba a mí que hubiera tanta gente.
   ‒¿Y si mi madre no viene?
   ‒¿Qué estaba haciendo yo...? ¿Cómo? Ah, sí. Perdone, y el doctor de qué es especialista.
   ‒Es doctor en...
   Entra el enfermero:
   ‒León, qué solo te veo. Pasa, que hoy te ha tocado el último y en cuanto termines nos vamos a casa, que llevamos un día muy complicado.

(Tertulia filandona, 26 de febrero de 2024; asunto: León)

lunes, 12 de febrero de 2024

De fobias, obsesiones y otros trastornos de posible curación


Era muy cobarde y así se sentía, sin mayor frustración que la que supone reconocer algo con lo que ya te has acostumbrado a vivir. Y esto chocaba, además, con alguno de sus proyectos. Uno de ellos era montar a caballo, sola, sin guía, sin nadie; y podía hacerlo. Un compañero de trabajo le había ofrecido la posibilidad de montar su caballo: le daba unas lecciones durante los días necesarios y cuando se sintiera segura la dejaba sola. Pero le daba miedo (otro más), por el caballo, por cómo quería hacerlo y por alguna otra cosa más que no se atrevía a confesarse.
   Varias semanas después de que se convirtiera en el pensamiento obsesivo de turno que la golpeaba en cuanto ponía el pie fuera de la cama, se decidió: o le tomaba la palabra a su compañero o le pedía a su médico una receta de escitalopram o sertralina. Unos días más, yendo y viniendo mentalmente del establo a la farmacia y de la farmacia al establo, y dio el paso.
   ‒Miguel, cuando me digas, te tomo esas clases de equitación.
   ‒Ya era hora. ¿Qué te parece este sábado?
   ‒Perfecto. Me dices hora, qué me tengo que poner de ropa y calzado, y me mandas la ubicación.
   Después de tres sábados intensivos, en los que Miguel había intentado seducirla, tras las sesiones de monta, con comidas en buenos restaurantes y requiebros elegantes, ya tenía fecha para cumplir con su ilusión.
   Y llegó el día. Y pasó. Se fue corriendo, casi sin despedirse. Llegó a casa y se acostó, agotada, tranquila y excitada.
   Montar sin silla, a pelo; sentir su cuerpo bajo mi sexo, mientras aprieto mis piernas contra sus costados y me deslizo por su lomo, adelante y atrás, mientras me rozo con las caricias de su pelo y siento los pequeños saltos de este trote calmado, arriba y abajo, abajo y arriba. Y pienso en ti, te recuerdo, cuando me sentaba sobre tu regazo, a pelo, y sentía tu cuerpo bajo mi sexo y atrapaba tu cintura entre las piernas y me deslizaba sobre tu miembro en ese juego morboso de acariciarlo por fuera con mis labios y al final lo acogía en mí, arriba y abajo, abajo y arriba. A pelo.
   Y a la mañana siguiente se levantó sin ninguno de sus pensamientos circulares, libre, tranquila y excitada. Sin ningún miedo, sin pensarlo dos veces, cogió su móvil.
   ‒Hola.
   ‒Hola, Carla, ¿qué tal? Ayer me dejaste preocupado, te fuiste en seguida. ¿Es que no lo pasaste bien?
   ‒Todo lo contrario, Miguel. Si te apetece, quedamos y te cuento la experiencia. Ah, y no hace falta que reserves en ningún restaurante caro; mejor, montamos.

(Tertulia filandona, 12 de febrero de 2024; asunto: A pelo)

lunes, 29 de enero de 2024

[Sociedad del cansancio]


Hola, ¿hay alguien ahí? No consigo verte ni escucharte con claridad, pero noto tu presencia. Y no sé lo que me pasa. ¿Por qué no consigo verte? ¿Por qué no me contestas? O quizá me contestes, pero no logro oírte, igual que no te veo.
   No me siento bien, no pienso con claridad, no recuerdo nada. ¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado aquí? ¿Qué me pasa?
   Ahora oigo algo, pero sé que no eres tú, aunque ni siquiera sé quién eres tú. Tengo que concentrarme, debo prestar atención, escuchar, a ver si averiguo algo. La voz es muy tenue, pero creo que se pregunta qué está pasando, dice que no entiende nada. Y hay más voces, muy débiles.
   Silencio. Tengo miedo. Y ahora un estruendo, parece como un altavoz.
   ‒Bienvenidos a la Sociedad del cansancio. Les pido que guarden silencio y les informo de que están todos en coma. No se preocupen, esta situación es transitoria y se resolverá. No sé cuándo ni cómo, pero se resolverá.
   Otra vez silencio y la oscuridad crece. Y el estruendo.
   ‒Es lo que me habéis pedido que les diga y ya está. Pero... ¿con quién estoy hablando? ¿Hay alguien ahí?

(Tertulia filandona, 29 de enero de 2024; asunto: Sociedad del cansancio)