sábado, 23 de junio de 2018

Ah de la vida


                                    I

            He visto los fracasos
                        que tuercen los caminos,
                        y he mirado a la cara
                        las lágrimas del día,
                        el duelo de los muertos
                        y el fondo del vacío.

                        (el dolor se instaura:
                        ingenia un mundo)

            He jugado a unos dados
                        armados de peligro,
                        y he observado un mañana
                        carente de caricias,
                        atado al duro suelo,
                        inmerso en puro frío.

                        (el dolor ingenia:
                        recrea un mundo)

            He cortejado al diablo
                        que trueca los destinos,
                        y he arrojado del alma
                        los goces de la vida,
                        el pálpito del pecho
                        y el aire que respiro.

                        (el dolor recrea:
                        arrasa un mundo)

            Y solo he deseado
                        perderme de mí mismo,
                        sumergido en la barca
                        que no conoce orilla,
                        que no retorna a puerto:
                        hundido en el abismo.

                        (el dolor arrasa:
                        fracasa un mundo)




                                    II

            Mas llegó la flor de la sonrisa
                        Al destello de los ojos río,
                        Los delirios blancos del sentido
                        Y la calma de la dulce brisa.

                        (el dolor fracasa;
                        y vence el mundo)


jueves, 21 de junio de 2018

Vuelta de paseo, Federico García Lorca


     Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
     Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
     Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
     Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
     Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

Federico García Lorca
(Poeta en Nueva York, en Obras completas. I. Poesía,
ed. M. García-Posada, Barcelona, Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, 1996)


Por Enrique Morente en Omega.


martes, 19 de junio de 2018

A la entrada de un valle, en un desierto..., ¿Garcilaso de la Vega?

Una de las razones más importantes que me llevaron a estudiar literatura y despertaron mi interés por la escritura fue el descubrimiento de este poema; de nuevo de la mano de mi maestro Ángel Luis Prieto de Paula (y además hay que oírselo recitar: un espectáculo).
¿Quizá porque nunca he dejado de verme reflejado en este perro?

     A la entrada de un valle, en un desierto
do nadie atravesaba ni se vía,
vi que con estrañeza un can hacía
estremos de dolor con desconcierto:
     ahora suelta el llanto al cielo abierto,
ora va rastreando por la vía;
camina, vuelve, para, y todavía
quedaba desmayado como muerto.
     Y fue que se apartó de su presencia
su amo, y no lo hallaba, y eso siente:
mirad hasta dó llega el mal de ausencia.
     Moviome a compasión ver su accidente;
díjele, lastimado: «Ten paciencia,
que yo alcanzo razón, y estoy ausente».

atribuido a Garcilaso de la Vega
(Poesías castellanas completased. E. L. Rivers, Madrid, Castalia, 1990)

domingo, 17 de junio de 2018

Semilla negra, Radio Futura

Si me llevas contigo, pueden pasar muchas cosas; así que no te lo pienses y llévame contigo...

Ese beso entregado al aire es para ti,
fruta que has de comer mañana,
guarda la semilla porque estoy en él
y hazme crecer
en una tierra lejana
...
Aunque tú ya no estás aquí,
te sentiré
por la materia que me une a ti...

Radio Futura
(«Semilla negra», La ley del desierto)





viernes, 15 de junio de 2018

La herida de un deseo


A Vic

Observo la sonrisa que reluce
          radiante en el dibujo de tu cuerpo
          y eleva la firmeza de mi sueño:
          erecto en la avidez de ese perfume.

Imagino que enmarcas la figura

          y descuidas tus senos en mi pecho
          y reposas tus labios en mi sexo
          y me arrullas, me prendes y me inundas:

tus miembros se estremecen con los míos,

          se pierden y se encuentran, se retuercen
          y abandonan sus formas en el vuelo.

El amor nos sumerge en el delirio

          que desata en el éxtasis latente
          la herida descubierta de un deseo.

jueves, 14 de junio de 2018

Vida, José Hierro


     Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
     Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
     No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).
     Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.


José Hierro
(Cuaderno de Nueva York, Madrid, Hiperión, 2002)

miércoles, 13 de junio de 2018

Insomnio, Dámaso Alonso

Cuando uno se cabrea, desespera, deprime, frustra...

          Insomnio
   Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
   A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
   y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
   Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
   Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
   por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
   por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
   Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
   ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
   las tristes azucenas letales de tus noches?

Dámaso Alonso
(Los hijos de la ira, Barcelona, Noguer, 1975)